miércoles, 9 de enero de 2008

De Príncipes y Guerreros


“Quod, nihil illi deerat ad regnandum praeter regnum”
Nada le falta para gobernar sino el reino.


Tanto príncipes y guerreros somos un pueblos escogido no por sus virtudes ni méritos sino por ser los poseedores de uno de los más grandes y peligrosos de los tesoros del los nuevos y los viejos tiempos, nuestro tesoro es la claridad, la capacidad ilimitada de poder ver “el más allá” cuando me refiero a esta capacidad no me refiero al significado literal de la frase, de clara orientación sobrenatural sino a la capacidad más profunda aun de poder ver entre líneas, de entender a la gente de sobrepasar los limites naturales o normales de análisis y entendimiento y en algunos casos de poder ver incluso la maravilla de un mundo espiritual paralelo.
Volviéndonos seres que alcanzan un grado madurez existencial.

Los que han vivido lo suficiente para aprender, no solo a satisfacer sus necesidades básicas elementales de subsistencia material. Sino que han tenido la inteligencia y la profundidad para acercarse al misterio de la vida y sentir y reflexionar sobre la necesidad de trascender el plano material y pensar sobre los inconmensurables misterios de la trascendencia espiritual.
Es decir que la capacidad de “ver más allá” es la base para nuestra existencia es nuestra fuerza es nuestro tesoro porque en ella reside la capacidad de dominar el mundo.

Pero nuestra virtud es como toda virtud en principio un defecto; ya que ser guardianes de semejante tesoro trae consigo una carga muchas veces, demasiado difícil de soportar, la extrema sensibilidad y piedad que puede generar; el conocimiento nos puede convertir en seres vulnerables a la crueldad natural del común de los hombres, estamos destinados a ser víctimas de su maldad hasta el momento en que decidamos hacer uso de nuestro poder y convertiremos en victimarios; más adelante veremos que a los hombres sólo se les puede tratar de dos formas o se conquistan o se destruyen.(El Principe,Maquiavelo)

Por tanto el terrible peso de nuestra misión es tan grande que muchos prefieren hacer callar ese llamado de servicio, sin afrontar los riesgos que le corresponden, ignorando su naturaleza y viviendo día a día alimentado de la mediocridad, el conformismo por supuesto sazonado con la frustración. De allí vienen los que callan, los que se conforman, los que sabiendo que su vida esta destinada a ser la de reyes terminan siendo criados que aran la tierra, cuidan los ganados procurando hacer tanto ruido que no les deje escuchar el llamado de la guerra la cual están obligados a pelear.

Después de esta breve mención de los cobardes vale la pena hablar de los valientes, los que si escuchan el llamado los virtuosos condenados a la soledad de la cúspide, los condenados a ver venir el futuro y a sufrir con anticipación tanto las vicisitudes de los hechos como el martirio de preparar a los menos privilegiados para afrontarlos.
Hacerles ver o al menos considerar que el desafío y el misterio de la vida, no solo implican la subsidencia material.

El ser humano no se le ha concedido la maravillosa oportunidad de estar vivo, solo para trabajar, consumir y poseer. Lo cual por cierto es necesario, pero sólo como un medio. El fin supremo es trascender el plano material de nuestra “realidad existencial” y entender con humilde pasión el misterio de la vida.
La misión divina de los guerreros es la misma que una gota en un océano. Es gota y océano al mismo tiempo, una de las más sublimes contradicciones que nos ofrece la vida.

El quetzal es el ave más hermosa en vuelo hacia las alturas. La serpiente es el animal más sabio que se desliza sobre la tierra. Cielo y tierra, espíritu y materia, eterna dualidad divina. El desafío de los guerreros es lograr el equilibrio entre el quetzal y el coátl que nos conforman, y encarnar este misterio en el ejercicio de la vida cotidiana. El “Quetzalcóatl”, símbolo filosófico de la más elevada aspiración humana.
Un guerrero debe de lograr la realización existencial y la felicidad en el ‘tener” y no en el “ser”.

Aferrados a objetos, personas e ideas, cayendo vertiginosamente en los abismos de la estupidez humana. En medio de la insatisfacción, la desolación y el vacío interior.
Es por ello que Tezcatlipoca “el espejo humeante” se nos revela como “el enemigo interior”, la fuerza interna que nos enfrenta ante nuestro propio rostro y que nos empuja a luchar por un “corazón verdadero”.

El Señor del Espejo Humeante, el estricto maestro de los aprendices a guerreros del espíritu en “la casa de los jóvenes”.
Los toltecas tenían a mujeres y hombres que tomaban el desafío de trascender la vida material. Les llamaban “Guerreros” porque librarían la lucha más cruel y despiadada que un ser humano puede enfrentar.
La lucha contra sí mismo. Contra la estupidez, la flojedad y el abandono humano.
La lucha en contra de las fuerzas gravitatorias que arrastran a la materia a su degradación.
Alcanzar este equilibrio es la misión de los guerreros la labor de los condenados , los lideres silenciosos, emperadores humildes que dirigen el teatro de la vida sin salir de atrás del telón esclavizados al auto convencimiento que el aplauso que los otros reciben en realidad es tu verdadera recompensa y a saber que estamos condenados a vivir siendo reyes en silencio esa es la labor de los guerreros los elegidos para gobernar el mundo en silencio ya que el silencio es nuestro mejor aliado.

Un guerrero contemporáneo debe primero ser un elegido, tener la capacidad de encontrar en cada palabra “el más allá” ,haber tomado conciencia de que la perfección estriba en llevar “al más allá“ la diferencia entre el bien y el mal es decir que hay que saber que es necesario aplastar a los enemigos para garantizar la fidelidad de los amigos, estar dispuesto a afrontar y pelear con pecho de plomo contra lo que el destino disponga y por ultimo estar sabedor que entre más alto llegas más solo estarás.


“Ver el más allá” Esa es nuestra virtud y esa es nuestra condena.

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